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Un sentimiento muy especial invade mi interior estos días al pasear por Madrid. Hace frío, mucho frío, eso es verdad, sin embrago y por alguna extraña razón que todavía desconozco me encanta. Sí es cierto, me encanta salir a la calle con bufanda y guantes e incluso el frío no supone ningún problema a la hora de coger mi abrigo y salir a disfrutar del ambiente navideño. Sí, por fin volvemos a ver la Castellana llena de árboles de Navidad con luces de todos los colores, o los escaparates de las tiendas con adornos dorados y brillantes, ha llegado la hora de desenpolvar el Belén y colocarlo junto al árbol en el salón de casa.
No sé muy bien por qué pero creo que ya he empezado a sentirme mejor solo por el hecho de que se acerque el día 25, ni siquiera puedo evitar sonreír al mirar las luces navideñas que decoran mi querida Madrid desde el asiento trasero de mi coche, ni tampoco puedo dejar de sentirme bien sin excusa aparente, creo que en breves voy a contagiarme del efecto villancico, y es probable que estas fechas me hagan plantearme una vez más lo afortunada que soy al poder pasarlas con los que más quiero. Sí en efecto, es verdad que algo raro está pasando. En realidad podéis llamarlo como queráis, unos dirán que es mera tontería, otros tal vez felicidad, desde luego muy mal encaminados no van.
Como os decía podéis llamarlo como queráis; yo prefiero llamarlo magia. La echaba de menos...
¡Ya es Navidad!
Moon














